EL ANDAMIO

E
Ran la seis de la mañana, el piso estaba en silencio, un piso pequeño, dos habitaciones, un pequeño salón, cocina y servicio, pero hasta el último hueco, estaba aprovechado. Eran familias realquiladas con derecho a cocina, cada habitación de la casa era el hogar de una de ellas, familias emigrantes, familias del país con mínimos recursos económicos.
En una de estas habitaciones vivía un matrimonio y tres críos, el hombre se acababa de levantar, entraba en la habitación, secándose la cara con una toalla, la mujer le había preparado un poco de café....
Y empezaron a charlar cerrado la puerta de la habitación para no despertar a los demás.
- hemos tenido suerte
- has encontrado un buen trabajo
- bueno mujer, tampoco te ilusiones mucho
- es un trabajo
- me hablo de él Fernando
- el marido de la Charo
- me dijo que en esa obra estaban cogiendo gente
- y que esa constructora tenia mucho trabajo
- que si les caía bien tendría trabajo para bastante tiempo
- pero no te hagas ilusiones – repitió
- por que lo mismo dentro de un par de días....
- estoy aquí sin trabajar
- no seas pesimista, por que iba a ser así
- pues porque el trabajo es así
- ya lo sabes, mujer
- ¿cuánto tiempo llevamos aquí?
- Dos años
- ¿cuánto me han durado los trabajos?
- y no es porque me haya portado mal
- sino porque te contratan solo para el momento
- una semana, quince días, como mucho un mes
- y a buscar otra vez
- no sirve que te portes mal o te portes bien
- ellos te echan
- así que prefiero que no te hagas ilusiones
- que si, marido levanta el animo
- veras como ahora nos van a empezar a rodar las cosas bien
- y estos niños.... veras cuando los veas criados
- con una educación
- por cierto, los he apuntado al colegio
- tenemos que comprar los libros
- y apenas tengo dinero
- bueno mujer, coge lo último que hay
- a poco que me dure el trabajo, ya me pagaran para ellos
- si no fuera por ellos
- yo también me pondría a trabajar
- tu quieta que bastante tienes con atenderlos
- y no podemos meterlos en la guardería
- no tu quédate, si tenemos que comer pan
- pues pan comeremos solo
- bueno, dijo la mujer, ya estamos acostumbrados
- no es la primera vez que lo hacemos
- y más vale que haya sido la última
- bueno mujer, que se acababa de peinar ante un espejo roto
- me voy, que tengo que coger el coche de la empresa
- y esta bastante lejos de aquí
- ten cuidado
- y pórtate bien
- mujer, yo siempre lo hago
- no, si te lo digo por ellos
- que se fijen en ti, que tu vales mucho
- gracias, veras como nos van a ir bien las cosas
Diciendo esto, la madre cogió en brazos al pequeñin y se lo acerco al padre
- anda, besa a tu hijo pequeño
Este le cogió en brazos, le hizo unas carantoñas y se dejó a la madre. Los dos mas mayores se le acercaron, apretándose contra sus rodillas, el padre se agacho y los beso. Estaban pasando tiempos difíciles, el dinero no llegaba, los pequeños ahorros se estaban agotando, tenían que pagar el alquiler de la habitación, allí vivían, comían, dormían, una cama de matrimonio para los cinco.
Pero no perdían la ilusión, quizás mañana, el trabajo del hombre esta vez durase mas.
- fíjate si te hacen fijo, decía la mujer
- subiremos para arriba, si mujer
- subiremos para arriba – repitió la mujer
Al fin le dio un beso y salió de la habitación, la mujer le acompañó hasta la puerta y el hombre marchó. La ciudad estaba en silencio, cuatro obreros como él circulaban por la calle aprisa, era de noche todavía, pero tenia todavía un buen trecho para coger el autobús de la empresa que le llevaría a la obra.
Al fin llego a la parada, había una pequeña fila, diez o quince personas como él, no conocía a nadie, era el primer día, dio los buenos días y le contestaron, poco a poco entablaron conversación, se dio cuenta que no era el único que empezaba hoy.
Todos hablaron de sus esperanzas, de que el trabajo estaba muy malo, pagaban muy poco y exigían mucho, pero iban con ilusión, necesitaban el trabajo, eran buenos obreros y todos confiaban que el trabajo les durase. ¿Por qué no iban a tener suerte?, ¿Porqué no?. Algún día se les acabaría la mala suerte, algún día....
Llego el autobús, montaron en él y al cabo de un rato llegaron a la obra, ya amanecía, y el capataz les empezó a distribuir por los lugares de la obra, indicando el trabajo que tenían que realizar. A este hombre le toco subir al último piso, estaban terminando de revocar la fachada, tenía que subirse a un andamio, el hombre no se negó, pero miró hacía abajo y no le gusto, tenía vértigo, se lo hizo saber al capataz
- ah, pues mira, vas a tener que subir
- necesitamos a un peón, para que ayude al maestro albañil
- si no lo haces tu, lo hará otro
- ¿qué creías que era esto?
- en una obra se necesitan hombres con valor
- los miedosos no nos valen
- señor, no se confunda
- no es miedo, pero puedo hacer cualquier trabajo
- necesito el trabajo
- mira, a mi no me cuentes tus penas
- ya tengo las mías própias – dijo el capataz
- así que espabíla, si quieres el trabajo espabila
- yo voy abajo – dijo, otra vez el capataz
- si no subes, a la calle
- yo nunca he subido a un andamio
- pues esta vez es la primera vez que vas a hacerlo o te vas
- aquí el que manda soy yo
- si digo que subas, subes
El capataz se retiro, acababa de llegar el albañil, se saludaron, iban a ser compañeros, él estaba para darle la masa, le conto lo que le pasaba
- ¿se lo has dicho al capataz?
- si
- ¿qué te ha dicho?
- que o subo o a la calle
- chico, pues tu veras, yo no puedo hacer nada
- aquí ya sabes como son los trabajos
- poco dinero y mucho riesgo
- o lo coges o lo dejas
El hombre lo penso, estaba dudando, pero necesitaba tanto el trabajo, su mujer tenía tanta ilusión, los niños ya los veía en un piso propio o alquilado pero para el solo y le dijo al compañero:
- voy a subir
El otro le miro con simpatía, se daba cuenta de lo que pasaba por el interior de este hombre.
- mira chico, piensalo
- esto es una broma, estamos a mucha altura
- a lo mejor es mejor que dejes el trabajo
- lo necesito
- bueno pues si vas a subir di a los de abajo que te suban masa
El hombre se acerco al hueco del montacargas y les grito a los de abajo que les mandaran masa, estos lo hicieron al cabo de un rato con un carretillo cargado.
Y empezó el trabajo, este hombre llenaba unos calderos y subiendose al andamio se los acercaba al maestro, al cabo de un tiempo el maestro le dijo:
- oye, en todos los trabajos se fuma, ¿no?
Bajaron a la habitación y se sentaron en una pila de ladrillos, el albañil cogió de una cesta que había traído un bocadillo grande
- tu no comes – le pregunto
- no, yo no he traído nada
El albañil se dio cuenta, quito el papel en el que estaba envuelto el bocadillo y le dijo
- oyes, sabes, esta mujer mía
- me echa unos bocadillos....
- que podría aguantar una semana con ellos
- cogió una navaja y le partió por la mitad
- me da pena tirarlo, anda comelo
- que no, es que no lo he traído....
Al hombre le daba vergüenza reconocer que apenas tenían para comer, su orgullo podía mas y no quería acertarlo, pero el albañil insistió:
- vamos no seas tonto
- que es mucho para mi,
- ademas somos compañeros
- vamos a estar ahí valanceandonos todo el día
- anda come
- casi se lo metió en la boca
Bueno, el hombre acepto siempre había buena gente en todos los sitios. Se pusieron a comer y empezaron a charlar:
- ¿de donde eres?, ¿cómo has venido?
Las preguntas y respuestas de costumbre en esos casos, saber el uno del otro, porque compartiendo ese bocadillo y la cerveza algo muy importante y sin que ellos se dieran cuenta estaba naciendo entre los dos, LA AMISTAD.
Acabaron el bocadillo
- pues a la tarea otra vez
- ves como no era tan difícil
- es verdad, yo tenía miedo pero lo estoy superando
- eso es la primera vez
- a mi también me ha pasado
- a todos nos ha pasado
- lo que tienes que hacer es tener cuidado y sujetarte bien
- ademas no te preocupes
- seguramente nos dejaran de compañeros
- y no siempre estaremos en el andamio
- anda levanta el animo
El hombre estaba mas tranquilo, las palabras del compañero le animaban. Subieron al andamio y fueron pasando las horas. Ya no se cairia, estaba seguro, se le había quitado el vértigo, en fondo era solo miedo.
Pararon otro momento a fumar un par de cigarrillos en el andamio, el maestro era un veterano, daba seguridad, estar a su lado, ya no tenían miedo, siguieron trabajando.....
Pero de pronto una de las argollas que sujetaba el andamio se rompió, los dos hombres cayeron al vacío, y abajo entre un montón de escombros los cuerpos de estos dos hombres que apenas se conocían pero que ya eran amigos estaban muertos el uno junto al otro...

F I N

ARCADIO DOMINGO ARRIBAS (2 0 0 7)